viernes, 13 de septiembre de 2013

Bajo la misma estrella


Cuando mi amiga Ana me recomendó Bajo la misma estrella, de John Green, y me contó de qué iba, no quise decirle que no la iba a leer, porque me pareció una grosería, pero me escabullí como pude sin comprometerme a cambiar impresiones más adelante. Una historia de chicos con cáncer no es mi idea de una buena historia. Sé que hay una serie en televisión con ese argumento que ha enganchado a mis hijos y a sus amigos, pero solo con ver las imágenes de los anuncios en los que un montón de chicos sin pelo ríen al borde del mar me enfado. No quiero que nadie me cuente lo maravillosa que puede ser la vida a pesar del cáncer. Así de idiota y categórica soy a veces.

Pero después pensé que Ana sabe mucho de libros. Y que sabe mucho de mí y de los libros que me gusta leer, así que, aprovechando que estaba en un momento de optimismo increíble, leí la primera página del libro, la nota del autor:
Más que escribir una nota del autor, quisiera recordar algo referente a las páginas que siguen: este libro es una obra de ficción inventada por mí.
Ni las novelas ni sus lectores ganan nada intentando descubrir si la historia encierra en sí algún hecho real. Estos intentos atacan la propia idea de que crear historias es importante, algo así como la base fundacional de nuestra especie.
Agradezco vuestra colaboración a este respecto.

Bien por ti, John Green. Bien por no querer darme pena, por no buscar que pase horas planteándome si esos chicos con cáncer que protagonizan tu novela existen de verdad. Eres un gran escritor y comparto tu idea de la relación entre ficción y vida.

La novela cuenta la relación entre tres chicos enfermos de cáncer. Y aunque el cáncer está en cada página, en cada línea, no es lo más importante. No me ahoga saber que esos tres chicos viven como viven porque han estado demasiado cerca de la muerte tantas veces que miran la vida de una manera distinta a como la miramos los demás, pero me ayuda mucho a entenderlos. La narradora sufre un cáncer terminal en sus últimos estadios, aunque lo que ella llama “el milagro” ha frenado el ritmo del crecimiento de sus tumores. En una escena que casi pasa inadvertida, dice que se sorprende de ser la persona más sana de la habitación porque no es algo a lo que esté acostumbrada y yo me preguntó por qué me interesa su historia, por qué estoy tan metida en las palabras de alguien que vive cada minuto sabiéndose a dos pasos de la muerte. Y poco a poco lo descubro: no me importa que esté a esos dos pasos, sino lo que hace mientras los recorre. No es la carta de despedida de una adolescente sino el relato de un momento importante en la vida de una chica de dieciséis años que vive la esperanza, el desencanto, el amor, la literatura… condicionada por una enfermedad terminal, pero sin permitir que ella marque sus elecciones. Por eso el cáncer lo ocupa todo y aun así no es lo más importante.

“Sería un privilegio que me rompieras el corazón” dice un personaje. Y cierro el libro para quedarme un rato paladeando la frase. Creo que es la declaración de amor más sencilla y más generosa que he oído jamás.

Hazel Grace, la protagonista de la novela, ha leído cientos de veces un libro que cuenta la historia de una chica con cáncer. Su mayor deseo es saber qué pasa después de la muerte de esa chica, qué les ocurre a los demás personajes. Y es una metáfora tan perfecta que alguien que está a dos pasos de la muerte se niegue a aceptar que los personajes de las novelas viven tan solo el tiempo que dura su ficción, que envidio a Green por ser tan bueno. Casi lo odio.

También lo odio por cómo declara Hazel Grace que le gusta el chico al que acaba de conocer:
Me gustaba mucho Augustus Waters. Me gustaba mucho, mucho, mucho. Me gustaba que hubiera terminado su historia nombrando a otra persona. Me gustaba su voz. Me gustaba que hubiera lanzado tiros libres angustiados. Me gustaba que fuera profesor titular en el Departamento de Sonrisas Ligeramente Torcidas y que compaginara ese puesto con el de profesor del Departamento de Voces Que Hacen Que Mi Piel Se Sienta Piel. Y me gustaba que tuviera dos nombres. Siempre me han gustado las personas con dos nombres, porque tienes que decidir cómo las llamas. ¿Augustus o Gus? Yo siempre había sido Hazel y solo Hazel.
Pero Augustus la llama Hazel Grace. Y yo, que tengo dos nombres, por primera vez me olvido del engorro que supone elegir cómo te presentas cada vez que llegas a un sitio nuevo. Y vuelvo a cerrar el libro un ratito.

Podría seguir eligiendo citas y desgranando la historia para recomendaros la lectura de esta novela, pero mejor dejo que sea la protagonista la que os los explique:

Algunas veces lees un libro, sientes un extraño afán evangelizador y estás convencido de que este desastrado mundo no se recuperará hasta que todos los seres humanos lo lean.
Así me siento yo. Leedlo. Leed Bajo la misma estrella para que este desastrado mundo se recupere. Y si no lo hace, al menos os sentiréis un poquito mejor.

2 comentarios:

  1. Gracias!! simplemente eso.
    (Y a Sol de "Quijotes y quijotinas" que me recomendó leer tu reseña)
    Un verdadero placer.
    Andrea

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  2. Gracias a ti, Andrea, y a Sole por recomedarlo.

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