jueves, 6 de marzo de 2014

Personajes homosexuales en LIJ

Me gusta encontrarme personajes homosexuales en los libros de literatura infantil y juvenil. Dicho así suena a estupidez, lo sé, a postureo, ahora que se lleva tanto esa palabra, pero intentaré explicarlo. No esperéis un artículo sobre la homosexualidad, los motivos para incluir o no personajes homosexuales en la LIJ, ni un análisis de todos los personajes. Eso ya lo ha hecho estupendamente David Lozano en su blog. Esto es solo una reflexión en voz alta. Y no soy de chillar mucho.

Me gusta la normalización, que el homosexual de una novela deje de ser el bicho raro para convertirse en uno más, con una vida, una historia, un conflicto al margen de su homosexualidad. Del mismo modo que aparecen blancos, negros, chinos o paquistaníes, sin que la diferencia de piel merezca una extensa reflexión, aplaudo la literatura que muestra a un adolescente homosexual sin dedicar un párrafo a explicar, o lo que es mucho peor, justificar, este hecho. La literatura no es exactamente igual que la vida, solo es algo que se parece a ella y a veces, solo a veces, es posible dar la vuelta y soñar con que la vida se parezca a la literatura, aunque solo sea por imitación.

Hay libros cuya temática es la homosexualidad que me han cautivado, como la maravillosa novela gráfica El azul es un color cálido o el álbum ilustrado Titiritesa. Pero no son esos los personajes de los que quiero escribir hoy. Son los secundarios que asoman la cabecita en tramas de otros los que me interesan. David, un estupendo secundario de Play, de Javier Ruescas, es homosexual. No lo esconde, no hace alarde de ello y aunque sus amigos lo saben no ha querido decírselo a sus padres. Pasada esta aclaración de cinco líneas, David es un amigo del protagonista que actúa como tal, que lo apoya o lo reprende, según el momento… Un personaje más. Me encanta que se aleje del personaje que reivindica la visibilidad, del narrador que afirma con rotundidad que todos los homosexuales deben sentirse orgullosos de serlo y gritarlo a los cuatro vientos, ese narrador que parece querer darnos lecciones de ética a los lectores y a la vez construir un manual de conducta para adolescentes homosexuales.
Decía que me gusta que se salgan del tópico, pero en el tópico está Fabián, de Ojos azules en Kabul, de Anabel Botella: un chico sensible, diseñador de ropa, amanerado y que constantemente hace comentarios sobre otros chicos (sobre todo si son guapos). Y también me encanta, me enamoré de él a las pocas líneas de haberlo conocido. En definitiva, lo que me gusta es que la literatura refleje un abanico de personajes tan amplio como las personas a las que intentan parecerse. No sé si es fácil o difícil ser homosexual y adolescente, no tengo ni idea. Supongo que depende de cada caso, de cada persona, de su familia, de sus amigos, de su entorno. Pero sobre todo de uno mismo. Y es genial que la literatura muestra también ese arco de realidades. El padre de Park, de Eleanor y Park, odia que su hijo se maquille los ojos, pero no es, como el chico cree, porque lo considere una nenaza, es que teme que lo machaquen. Me pongo en su lugar y yo también me moriría de miedo si creo que a uno de mis hijos lo pueden machacar por algo, sea por pintarse los ojos, tener el pelo de color diferente, no vestir como viste la mayoría, ser más alto o más bajo... Y aunque en este caso no se trata de un personaje homosexual, el miedo del padre a que lo tomen por tal es el escollo en la relación de ambos.

Hasta aquí he hablado de novelas realistas, pero no es el único género en el que aparecen personajes homosexuales. Ahí están los estupendos Magnus y Alec de Cazadores de Sombras. El uno ha superado hace cientos (literalmente) de años el complejo que pudiera ocasionarle ser homosexual. El otro, un cazador capaz de enfrentarse a vampiros y demonios, no se atreve a decirles a sus padres quién le gusta en realidad. O las chicas de Las tejedoras de destinos, enamoradas en un mundo que prohíbe la homosexualidad, que no quieren reivindicar nada ni encabezar ninguna revolución, solo se aman. Es un libro que presenta una sociedad exageradamente machista en la que las mujeres siempre trabajan al servicio de los hombres, tal vez por eso la autora ha elegido una relación lésbica. Son menos los casos de chicas en la literatura juvenil, no sé por qué. O yo me he topado con menos, quién sabe.

Desde el punto de vista narrativo, son personajes que dan mucho juego, además. Descartamos la posibilidad de un romance con el (o la) protagonista, como en el caso de Billie, la novela de Anna Gavalda, pero no nos priva de la relación de amistad entre chico y chica. Ni de sus formas de ver la vida, tan distintas.

Y por todo esto, me gusta que aparezcan personajes homosexuales en LIJ.

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